
FIFTY-FIFTY
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No sabemos si Rosa Aguilar habla inglés (siempre podrá recurrir a la mujer de Julio Anguita para que le dé clases), pero está claro que lo que a ella le gusta es el “fifty-fifty”, es decir, todo al cincuenta por ciento. Así, dando un paso más hacia el absurdo infinito al que nos dirige el mundo progre y políticamente correcto, el Consejo Rector de la Gerencia de Urbanismo de Córdoba acaba de aprobar que sea obligatorio dedicar a mujeres el 50% de las nuevas calles que lleven nombre de persona. Lo mejor, no obstante, es que… ¡todos los grupos políticos han apoyado la medida! Está claro que nadie se quería mover para no quedarse fuera de la foto de la idiotez, pero el PP lo tiene crudo si sigue por ese camino: los que quieran votar al sinsentido y la pamplina, votarán a los originales, no a las vulgares imitaciones. En cuanto a la regidora cordobesa, hubo un tiempo en el que parecía de las pocas que se salvaban del radicalismo absoluto dentro de la troupe de nostálgicos del padrecito, igual que Antonio Romero. Sin embargo, se ve que todo fue un error de apreciación, y que ninguno de ellos llegó a abandonar la más pura ortodoxia soviética. Doña Rosa lo demostró no hace demasiados meses, cuando dijo que haría cualquier cosa menos pactar con el PP (no es nada original, el mismísimo Presidente del gobierno está haciendo muchas “cualesquiera cosas” con tal de ir contra el PP, y así va el país), y don Antonio, el pobre, ha perdido ya totalmente los papeles y se quedó, como tantos otros, en la Guerra de Irak, esa en la que nunca estuvimos pero a la que tanto jugo sacaron y siguen sacando los amigos de Sadam.
Volviendo al tema de esta reflexión, en el “logro” de aplicar la paridad en los nombres de las calles ha tenido mucha mano la Plataforma Andaluza de Apoyo al Lobby Europeo de Mujeres (tan sólo el nombre ya da miedo); su portavoza, Rafaela Pastor, no cabía en sí de gozo cuando dijo: “Con esta medida, ehhh, pues lo que se va a conseguir es, ehhh, afortunadamente, bueno pues, hacer justicia por las mujeres, que a lo largo de la historia no se nos ha visibilizado en espacio alguno”. Da pena que algunas se preocupen más de ser feministas que de alfabetizarse, pero eso explica que les encante lo de la cuota: es su única oportunidad de pillar cacho, aunque perjudique a las mujeres que valen de verdad. Se rumorea que doña Rafaela está en racha, y que ahora presiona para que en la Semana Santa la mitad de los crucificados de los pasos sean mujeres. De momento, si a alguien se le ocurre dar a una calle cordobesa el nombre de Miguel Servet, que se vaya olvidando, que por delante estará la churrera de la esquina (sin ánimo de ofender a las churreras).
Puestos a llevar la paridad hasta el extremo, lo mejor sería que la población reclusa en las cárceles españolas también fuera paritaria por narices. Así, como habría que encarcelar a muchas hembras para igualar, con un poco de suerte escogerían a las feministas descerebradas y a las politicuchas de cuota. Delito tienen, desde luego. Como no me hago demasiadas ilusiones, buscando y buscando he logrado encontrar algo positivo en todo esto: por lo menos vamos a librarnos de que en Córdoba le dediquen una calle al simpático Javier Bardém. Lo malo es que intentarán dedicarle tres o cuatro a su viperina madre.
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La Voz, Jerez, domingo 25 de marzo de 2007