sábado, 12 de abril de 2008

Estoy mala

Hace años, cuando Jerez tenía unos 175.000 habitantes, muchos ya decían que era una ciudad; algunos, incluso, la describían como “gran ciudad”; otros, en cambio, tenían la duda de si no sería más bien un pueblo grande. Yo, que como la mayoría de los niños no tenía ni idea de nada (más o menos como ahora), pensaba que “más grande” tenía, necesariamente, que ser “mejor”, y como el tamaño era lo único que importaba, Jerez era, sin duda, una ciudad, y ¡ay de quien dijera lo contrario! Han pasado décadas, Jerez exhibe con orgullo sus 200.000 habitantes, y uno, que ya no es niño aunque todavía anda despistado por el mundo, ha alcanzado pocas certezas en la vida, siendo una de ellas que el lugar en el que vive es tan sólo un pueblo, con muchos aires, eso sí. Tan grande en tamaño como una ciudad, tan pequeño en mentalidad como una aldea; tan crecido en hectáreas como una urbe, tan menguado en espíritu como una barriada. Mi Jeré.

Razones para mantener lo anterior habría miles, pero hoy hablaremos del estudio sobre los mitos menstruales realizado por la clínica Serman. Hay que empezar aclarando que la menstruación es la regla, pero no la de dibujar, sino la otra, esa que a las mujeres hace decir “estoy mala”, y a ti, ignorante, que les preguntes una y otra vez si tienen la gripe o quizá un resfriado, porque en tu mundo estar malo es tener una enfermedad, pero en el de ellas no. Pues bien, en nuestro moderno, progresista y culto Jerez, todavía hay mujeres que creen que si tienen la regla marchitarán una flor si la tocan, cortarán la mayonesa si la hacen, y algo malo les pasará si se bañan en la playa o se lavan el pelo -¿serán por eso las greñas que llevan algunas?-. Casi todas estas tonterías provienen de la cultura árabe (mujer con la regla = cosa sucia y asquerosa), con lo cual, nuestros gobiernos de la Alianza de Tontos de Capirote estarán contentísimos. Por otra parte, muchas mujeres piensan que los dolores menstruales se calman tomando un chupito de ginebra (¿por qué no barren para casa y toman brandy?), e incluso un 3% deja de hacer deporte, lo cual es muy triste porque mengua aún más el ¿1%? de mujeres deportistas, exigua proporción que hace que pasear por la calle sea como asistir a un desfile de vaquitas que lucen con arrogancia sus bien trabajados michelines; ¿o es que no saben que la juventud gaditana es la más obesa de Andalucía, y la andaluza es de las más obesas de España? Otro signo de modernidad.

En fin, me marcho antes de que las feministas me empalen o me castren, así que tendremos que dejar para otro día lo del rechazo de las jerezanas a usar tampones (“¿tamponeh, ezo qué eh?”).
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La Voz, Jerez, 13 de abril de 2008. Andalucía, al máximo; Jerez, imparable: ¡ya somos 200.000!

5 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Madre mía! ¡Qué foto!

Uno de iu, impresionado

Nadie dijo...

Sabía que la foto era mejor que la columna, pero no hacía falta que me lo refregaras, ja, ja.

Anónimo dijo...

No, no: el artículo es fantástico para borrar espectros del pasado. Eso sí, sólo una precisión: el cristianismo, y no sólo el islamismo, tiene desde antaño esa misma visión sobre la el período menstrual. Valgan como simple recordatorio los capítulos del 16 al 18 (sobre todo éste) del Levítico, así como la tradición cuentística y romanceada de la literatura castellana medieval. Al César lo que es del César.

Salud

El de iu, precisando

Serranito dijo...

Buen cebo, si señor!

Deseo enfatizar el modo en el que se usa el tiempo verbal presente "tiene" para el cristianismo.

No está mal, no...

Nadie dijo...

En efecto, queridos Serranito y UnodeIU: el islamismo tiene desde antaño, pero el cristianismo TENÍA antaño. Al César lo que es del César, y a Dios...