domingo, 6 de abril de 2008

"Pax" motera




Pasado el Gran Premio de España del Mundial de motociclismo, llega la hora de hacer balance. Aunque son muchas las quejas que se están expresando públicamente (“ciudad sitiada”, “asesinato de la gallina de los huevos de oro”, “se han evitado los muertos pero, ¿a qué precio?” –esto último es muy fuerte, lo leí en una columna de opinión-), no es menos cierto que son muchas más las satisfacciones que se sienten en privado. Y es que, desde que el año pasado la Alcaldesa instaurase la pax motera, pax pilarina más bien, son incontables los ciudadanos que ya no están obligados a padecer miserablemente que durante tres días al año su ciudad se convierta en una tierra sin ley, en la que todo vale y en la que peligra su vida, su integridad, su patrimonio y su libertad. Porque la cuestión no era aguantar o no aguantar “el ruido durante tres días”, sino aceptar o no la anarquía insana, la muerte de la ley, la abolición durante tres días de los derechos de unos (los ciudadanos pacíficos) y la dispensa de los deberes de otros (los cafres).

Por fin se hizo lo que se debió haber hecho hace tiempo, y hay que felicitar a Sánchez por ello. A la misma Sánchez que en 2006 dijo lo siguiente: “De ninguna manera se puede poner cerco al tráfico y cerrar una ciudad de 200.000 habitantes a los moteros, porque acabarías con el Gran Premio”. Como ven, en política hay muy poca distancia entre un “de ninguna manera” y un “como sea”, y quizá haya sido el ver pelar las barbas del vecino portuense (y la consiguiente ruina sobre ruina que se le podía venir encima al Ayuntamiento) lo que haya animado a doña Pilar a olvidar convenientemente sus convicciones. Sin embargo, de un político nos deben importar más sus hechos que sus motivaciones, y los hechos han sido correctos y la actuación valiente. Así que, una vez más, nuestra enhorabuena a la Regidora.

No cabe duda de que las cosas se pueden hacer mejor, pero la situación era tan extrema que la única manera de atajarla era cortando por lo sano, como se ha hecho. Había que detener el “efecto llamada” que anunciaba a los cuatro vientos libertinaje y caos absoluto en una plaza del sur de España. No se trata de ofender a 60.000 moteros, pero hasta ellos tienen que entender que tan sólo un 5% de indeseables entre sus filas suponen 3000 incontrolados que, sumados a los canis y macarras locales, convertían la situación en imposible. Así, con la intención de seguir mejorando, pero a sabiendas de que nunca se podrá satisfacer a todos en todo, quizá la pregunta que habría que hacerse sería: “Antes había más ambiente pero, ¿a qué precio?”

.

La Voz, Jerez, 6 de abril de 2008.

2 comentarios:

serranito dijo...

Nadie clama indignado su derecho a poder entrar en el centro ciudad en esas fechas?

Se acabó la corrección política y la demagogia?

Pues vaya.

..Y si, esto es un cebo.

A ver que pescamos que esta semana esto ha estado muy tranquilo.

Díaz de Vivar dijo...

Me agradó el comentario dejado en mi blog por mafd pero me sorprendió el contenido...

Hombre, aún teniento razón en vuestras quejas, no tiene comparación el desvarío de la judicatura patria con unos cuantos cafres en moto.

Me gustan las motos, tengo carnet (pero no máquina) y, de tener una, mi comportamiento sería como en mi vida cotidiana: de cumplimiento de las leyes y respeto hacia los demás. El extender a los moteros en su conjunto el comportamiento de unos pocos individuos que se aprovechan de las circunstancias para ir de chulos con chupa de cuero me parece injusto.

Para evitar llegar a esos extremos de hartazgo se tenía que haber hecho lo que ha hecho ahora la alcaldesa. Y esto lo hago extensivo a todo. Cuando la autoridad brilla por su ausencia, pasa lo que pasa.

Y si hablamos de autoridad, la Justicia es pieza clave. Pero claro, con el "insuperable plantel" que nos presentan en la capital charra los miembros de la judicatura, lo de los cafres moteros queda en chiste. Dan ganas de robarles una moto y huir... O de atropellar a más de un "galáctico" togado...